¡Fuerza México!

Por Juan Ordóñez

En las últimas semanas, nuestro país ha pasado por diferentes tipos de desgracias naturales que van desde inundaciones hasta terremotos. Y no sólo nuestro país, alrededor del mundo esta ola de desastres parece incontenible.

Enrolado en el medio de la espiritualidad, he escuchado de todo para dar explicación a tan drásticos acontecimientos: “fue una limpieza para mover las impurezas que hemos estado viviendo”, “la tierra se está quejando por el abuso al que la hemos sometido”, “esto es sólo el inicio de las muchas devastaciones por venir”, etc.

¿Tú crees que a los miles de damnificados les interesa el saber porqué? ¿Crees que les da consuelo? ¿La explicación les devolverá lo perdido? Yo, no lo creo.

Este no es momento de buscar los “por qué´s” si no enfocarnos en los ”para qué”. De alguna manera, todos somos responsables de estos acontecimientos; a nivel material, abusamos de los recursos y con eso dañamos nuestro ecosistema, lo que a su vez impaccta en el ambiente, a nivel espiritual, seguimos con nuestros corazones llenos de resentimiento y/o miedo, lo que impacta de manera profunda los eventos de tu realidad. Pero el hecho, es que de nada nos ayuda, en este momento, juzgar, lamentar y/o pelear al respecto. En nuestra sociedad hemos pasado por sin número de acontecimientos en donde nos hemos probado, una y otra vez, que podemos conectarnos profundamente y salir avantes de cualquier situación.

Ahora no es la excepción, y nuevamente a través de una desgracia, se nos presenta la increíble oportunidad de hacerlo de nuevo, sólo que ahora existe una diferencia que me llena de esperanza, en esta ocasión se aborda desde una perspectiva más elevada, una donde no sólo vamos y ayudamos, si no una en la que nos mantenemos unidos. Porque la historia nos acusa de que lo hacemos y luego lo olvidamos, ayudamos y dejamos de ayudar. Simplemente, se nos olvida…

Pero lo que más gusto me da y me maravilla sin descripción, es que son los hijos de la generación que vivimos la desgracia del 85, los que hoy alzan la mano y nos dan muestra de cómo se debe hacer. Muchos de ellos por su cuenta y otros de la mano de gente con un nivel de consciencia tan elevado que los dirigen por nota como si fuera una sinfonía.

¿Acaso no te da emoción cómo son ellos, los jóvenes, tus hijos, los que mandaron a volar a las “instituciones” y tomaron control de la situación, en muchos casos, para apoyar en rescates, para coordinar centros de acopio y ahora para la distribución de lo recopilado?

Todo esto me da esperanza porque quiere decir que sí estamos evolucionando, que aprendimos de nuestros errores, quiere decir que sí podemos estar unidos sin ver razas, ni credos, ni clases sociales, porque el jóven/señorita, señor/señora, junto a mí removiendo escombro o acarreando víveres, me ve y lo veo como un ser humano más, que al encontrar en el apoyo un punto en común, mostramos nuestra verdadera esencia, sin apariencias, ni agendas ocultas. Todos somos uno, es la vibra que resuena en el ambiente.

Me recuerda a las células de nuestro cuerpo, donde ninguna se siente más importante que otra, no hay diferencia entre las células del dedo gordo del pie con las del cerebro. Todas trabajan para un mismo fin, mantenerte con vida y ser el vehículo del espíritu. Por eso nuestro cuerpo es una maravilla.

Al final del día, las cosas materiales siempre se pueden volver a adquirir, son importantes pero no nos definen, el contacto humano, si se pierde, nos convierte en robots. No me aleja de ti, me aleja de mí, me aleja de Dios.

Aprovechemos esta nueva oportunidad que nos brinda, Dios, la vida, el universo, la inteligencia infinita, para confirmar en los corazones de nuestros jóvenes y nosotros mismos, que las cosas se hacen con amor, que lo que importa es la conexión, que ese punto de entendimiento es de corazón puro: hoy por ti, mañana por mí.

No veas esto como el suceso horrible que nuevamente golpeó a nuestro país, velo como el suceso que nos volvió a reunir, que nos conectó, que nos conectó desde la parte más sagrada; en nuestros corazones.

Así que por favor, no asistas a ayudar o dones por lástima, ayuda porque en cada cara que mires o no mires, te estarás viendo a ti, a tus hijos, a tus padres y abuelos. Todo lo que las generaciones arriba de nosotros pasaron, ahora, con este suceso, dan un fruto en el corazón de estos jóvenes que alzan la mano ante un México que ha pasado por mucho y no sólo hablo de desastres naturales. Todos hemos perdido algo y sabemos lo terrible que es, pero también sabemos de la dulce sensación cuando alguien te toma de la mano o simplemente se acerca a ti para apoyarte, para que vuelvas a creer. Para saber que no estás solo(a).

Esta generación de jóvenes, que algunos denominan “milennials” ha despertado y ahora su singular manera de ver y vivir la vida, los hizo echarse este país a cuestas y mostrarnos que se puede y que no es sólo por un ratito, que no con sólo levantar la voz para quejarse, las cosas se cambian. Nos mostraron que hay que ponerse en acción y que la única guía que necesitamos, es la de nuestros corazones unidos, pues a partir de ahí, las cosas se desenvuelven solas.

Sí, efectivamente no tienen experiencia, son soñadores, todo lo toman a la ligera y se brincan cualquier barda que consideren estructura. Pero es justo eso, lo que les da la fuerza para cargar este país y el mundo, hacia una nueva dimensión. Y si esto ya es para llenarnos de esperanza, imagina lo que sus hijos van a lograr…

¿Y tú, ya te pusiste en acción?

¡Fuerza México, que ahora sí, estás en buenas manos!